El Catálogo de Protecciones del Ayuntamiento de Alicante, pendiente de aprobación por el Pleno municipal, incluye entre sus fichas la Cruz de los Caídos, situada en la plaza de Calvo Sotelo, y el Monumento a los Caídos de la Vega Baja, ubicado en el entorno de Aguamarga. Ambos elementos fueron construidos durante la dictadura franquista y, a día de hoy, continúan en su emplazamiento original.

La redacción del catálogo es una consecuencia de la aplicación de la Ley 5/2014, de 25 de julio, de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Paisaje, de la Comunitat Valenciana, que en su artículo 42 establece:

Art. 42. Catálogo de protecciones.

  1. El catálogo de protecciones es un instrumento de ordenación de ámbito municipal, mediante el cual se determinan aquellos elementos territoriales, espacios o bienes inmuebles que, en razón de sus especiales valores culturales, naturales, paisajísticos u otros, requieren de un régimen de conservación específico y, en su caso, la adopción de medidas cautelares de protección o de fomento y puesta en valor.
  2. El catálogo de protecciones deberá contener todos los elementos territoriales existentes en un municipio sobre los que recaiga algún tipo de protección derivada de la legislación del patrimonio cultural, del patrimonio natural y del paisaje, así como de los instrumentos previstos en dichas legislaciones para su concreción y desarrollo. Además de los elementos citados, el catálogo podrá contener otros elementos que, aun no gozando de la protección específica definida por la legislación vigente, se estima que deben considerarse junto a los anteriores, en razón de su interés local o por su incidencia territorial y urbanística.
  3. Los elementos que forman parte del catálogo de protecciones podrán identificarse tanto individualmente, como formando parte de un conjunto.
  4. El catálogo de protecciones diferenciará, al menos, tres secciones: patrimonio cultural, patrimonio natural y paisaje; a estas secciones, se podrán añadir aquellas otras que se estimen convenientes por su presencia significativa en el municipio. Cada una de ellas tendrá el siguiente contenido:
    • a) Inventario de elementos y conjuntos potencialmente catalogables; situación y descripción general de los mismos.
    • b) Análisis del conjunto, criterios de valoración y selección, criterios de clasificación, criterios de protección e integración en la ordenación territorial y urbanística, criterios de fomento y posibilidades de intervención. Propuesta de catalogación.
    • c) Memoria justificativa de la selección efectuada, clasificación y tipos de protección, propuestas normativas y de actuación. Cuadro resumen con los principales datos de la catalogación.
    • d) Ficha individualizada de cada elemento y conjunto catalogado, que incluirá su identificación, emplazamiento, descripción, niveles de protección y uso, actuaciones previstas y normativa aplicable; todo ello de acuerdo con los formatos e indicaciones contenidos en el anexo VI de esta ley.
    • e) Plano general con la situación y emplazamiento de todos los elementos catalogados.
    • f) Determinaciones generales a incorporar en el plan general estructural o en los instrumentos de ordenación pormenorizada.
  5. Todo plan general estructural deberá contener necesariamente un catálogo de protecciones, que abarcará todo el término municipal, con independencia de que el mismo se pueda formular, revisar o modificar de manera separada; en ese caso, se incorporará al registro autonómico que recoge los catálogos como instrumento independiente.
  6. A los efectos de la sección de patrimonio cultural, se considera que conforma la ordenación estructural los bienes integrantes del Inventario General del Patrimonio Cultural Valenciano, que incluye los Bienes de Interés Cultural y los Bienes de Relevancia Local.
  7. Al objeto de poder normalizar el tratamiento urbanístico y territorial de los elementos y conjuntos catalogados del patrimonio cultural, y sin que ello afecte a las categorías de protección establecidas por su legislación correspondiente, dichos elementos se caracterizarán según los niveles de protección determinados en el anexo VI de esta ley.

En nuestra opinión, la “catalogación o inventario” de referencia sirve para  establecer medidas de protección para unos bienes que no han sido tenidos en cuenta por la legislación patrimonial europea, estatal o comunitaria, como los inmuebles con valor histórico o patrimonial no declarados de interés cultural, o cualquiera de las otras categorías de protección.

Evidentemente, en todos los lugares existe un importante número de bienes culturales con valor histórico, artístico, etc., que se consideran valiosos y que merecen ser protegidos de alguna manera, pero para los que la normativa europea, estatal o autonómica sobre patrimonio no ha establecido ninguna medida especial de protección, y cuya salvaguarda jurídica deben proporcionar los instrumentos locales de planeamiento. En todo caso, es necesario tener en cuenta que el simple catalogado o inventariado de bienes no supone ninguna protección porque quien realmente la proporciona es el instrumento urbanístico que los incluye, porque siempre deben estar en relación con alguno de ellos.

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Miguel López, autor de la Cruz de los Caídos, es un representante acreditado de la generación de arquitectos españoles que con una clara vocación de modernidad comienza a ejercer la arquitectura a comienzos de los años 30. Posteriormente, la Guerra Civil modifica de manera importante su trayectoria profesional. Tras ella, de alguna manera mantiene sus ideas arquitectónicas, aunque manifiestamente condicionadas por el ambiente cultural adverso y por las limitaciones propias de la periferia española de aquellos años. Su obra en Alicante es similar a la de otros muchos arquitectos que, fruto de su buena formación y de un continuo compromiso con su profesión, han ido conformando la historia de la arquitectura española en el complejo escenario del tercio central del siglo XX.

La Cruz de los Caídos fue construida en el año 1939 por Miguel López, en colaboración con Miguel Abad. Según una reseña publicada por Alicante Vivo, tras la toma de Alicante por el bando franquista en marzo de 1939, “una de las primeras tareas que se encomendó a la gestora presidida por Ambrosio Luciáñez Riesco fue “perpetuar la memoria de los caídos del bando sublevado”. Según este relato, “se acordó erigir una cruz conmemorativa con un coste inicial de 14.884 pesetas”. El monumento franquista fue inaugurado en junio de 1940, dedicado solamente a los “caídos por Dios y por España”. Casi medio siglo después, en 1987, el alcalde socialista José Luis Lassaletta modificó la inscripción original, pasando a dedicarse el monumento a todos los caídos. La leyenda que se lee hoy recuerda “a todos los hombres y mujeres que murieron en defensa de sus ideales”.

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El Monumento a los Caídos de la Vega Baja es, también, otra obra criticada y polémica. Recuerda la “gesta” de un grupo de falangistas de la Vega Baja que acudieron, el 19 de julio de 1936, a liberar a José Antonio Primo de Rivera, pensando que Alicante se había sublevado. El grupo, capitaneado por José María Maciá, fue interceptado por la Guardia de Asalto en la zona conocida como los Doce Puentes. Los que no murieron en la refriega fueron juzgados, y 52 de ellos fusilados el 12 de septiembre de ese mismo año. En un principio, el monumento iba a instalarse en el lugar exacto de la refriega –el denominado Puente de Hierro– pero al estar comprados los terrenos por el Estado para levantar la Fábrica del Aluminio tuvo que trasladarse a su actual emplazamiento. El cambio de ubicación provocó en su día no pocos conflictos entre el Ayuntamiento de Alicante y la Dirección Provincial de FET y de las JONS.

Según la Guía de Arquitectura de la Provincia de Alicante, el Monumento a los Caídos de la Vega Baja fue proyectado y construido entre 1941 y 1944 por el arquitecto Miguel López y por el escultor Daniel Bañuls, dos referentes de la escultura y la arquitectura alicantina. El monumento, constituido por un grupo escultórico de hormigón y piedra arenisca de 8,5 x 13 x 7,80 m., está integrado por cinco prismas y una escultura alegórica sobre una estructura a la que se accede mediante dos escalinatas situadas en los extremos del conjunto. La figura escultórica representa un joven atlético semidesnudo que sujeta una espada con su mano izquierda, mientras que con la derecha sustenta a la altura del pecho una figura alegórica. Más allá del simbolismo de los cinco prismas que hacen referencia a las cinco flechas, las formas se reducen a volúmenes geométricos simples como prismas cuadrangulares. Se juega con la alternancia de huecos y macizos, siendo la única referencia clásica el yugo y el haz, que al estilo del escudo de los Reyes Católicos flanquean la placa con la dedicatoria del monumento.

El conjunto está a caballo entre la arquitectura y la escultura, y se levantó con el objetivo de conmemorar la “hazaña” de los que posteriormente se consideraron “héroes rebeldes” contra la República. Globalmente se concibe como una explanada para reuniones, exaltaciones y conmemoraciones fascistas. El trabajo de estos dos profesionales compartía la unidad de criterio por el filtro de la abstracción (5 prismas = 5 flechas falangistas) y la carga simbólica de las composiciones simétricas. El conjunto se eleva en el lugar donde fueron abatidos los jóvenes, formando un altar o tribuna, con una plataforma delante, en la cima de una loma que mira sobra la bahía de Alicante.

Se dice que parte de las piedras utilizadas para esta obra las empleó, en 1907, Vicente Bañuls, el padre de Daniel, para la construcción de una obra radicalmente opuesta en su forma y significado, cual fue el desaparecido Monumento a los Mártires de la Libertad. De hecho, Bañuls hijo dijo de su obra aquello de que “Yo también tuve que claudicar y lo hice con honestidad, pues el Monumento a los Caídos de la Vega Baja lo hice sin la pretensión política de ensalzar ideas ajenas a mi concepto de lo que debe ser ARTE. Por eso elegí una figura heroica, en donde la plástica pura se impusiera a cualquier dogmatización“. También en este caso, tras años de abandono y deterioro, en 2009, se procedió a su restauración eliminando la simbología falangista y dedicando el memorial a todos los caídos.

Tales variopintos avatares ejemplifican una realidad incontrovertiblemente tozuda: la concomitancia de los valores artístico/histórico/estéticos con los ideológicos. Esa es la trampa que debería desmontarse. Una cosa es el valor estético, argumentable científicamente, y otra el ideológico, que responde a intencionalidades determinadas y que debe explicarse sin ambages. El valor artístico de la Cruz de los Caídos –más próxima formalmente a la estética republicana que a la fascista, por mor del gusto/voluntad del artista– puede resultar poco discutible, pero ello no resta un ápice de ilegitimidad a la intencionalidad que motivó su erección: “el inequívoco homenaje a los caídos por Dios y por España”; y a nadie más. Ese es el nudo gordiano que, inexcusablemente, debe ser   explicado con diáfana claridad. Proteger es no derribar, como lo es rehabilitar, mejorar, preservar…, obviamente, en función de las prioridades e intereses de quienes tienen el legítimo deber de hacerlo y de las disponibilidades presupuestarias existentes. En nuestra opinión, por encima de esas voluntades y de los recursos disponibles está el cumplimiento de las leyes, comunitarias, estatales y autonómicas, de las que regulan el patrimonio, el territorio y el paisaje o la memoria histórica. Debemos recordar muy especialmente que la Ley de la Memoria Histórica, en su artículo 15 explicita inequívocamente que:

 Símbolos y monumentos públicos.

  1. Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas.
  2. Lo previsto en el apartado anterior no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley.
  3. El Gobierno colaborará con las Comunidades Autónomas y las Entidades Locales en la elaboración de un catálogo de vestigios relativos a la Guerra Civil y la Dictadura a los efectos previstos en el apartado anterior.
  4. Las Administraciones públicas podrán retirar subvenciones o ayudas a los propietarios privados que no actúen del modo previsto en el apartado 1 de este artículo.

En consecuencia, a la vista de la controversia surgida en Alicante respecto a los dos vestigios referenciados, expresamos nuestra:

PROPUESTA, que no es otra que:

  1. Los técnicos certifiquen individual y motivadamente que esas obras que se pretende incluir en el Catálogo poseen incuestionables valores plásticos y arquitectónicos, protegidos por la ley, que las habilitan para ello, haciéndolas equiparables a los demás elementos que lo integran.
  2. Dada la singularidad de tales obras, deben proveerse los recursos necesarios para asegurar su correcta explicación histórica in situ y mediante los instrumentos de difusión que se puedan habilitar en el futuro (finalidad, motivación, autoría, entidad que la financió, presupuesto, etc.)
  3. Se evite explícitamente mixtificar o conculcar la historia mediante el “reciclaje de los vestigios”, evitando las discordancias entre las nuevas e interesadas interpretaciones/explicaciones y sus auténticas intencionalidades y finalidades.

Ni la Cruz de los Caídos, ni el Monumento a los Caídos de la Vega Baja pretendieron o pretenden “recordar a todos los hombres y mujeres que murieron en defensa de sus ideales”. No fue esa su finalidad original; bien al contrario su intención fue exaltar el presunto heroísmo de un grupo de sublevados contra el legítimo gobierno republicano. Así debe explicarse en los carteles, polípticos y cuantos elementos informativos se editen y publiciten, integrados o no en los circuitos histórico-turísticos que pudieran habilitarse en el futuro para homenajear y dinamizar la imagen de Alicante como “ciudad de la Memoria”.

Ello sin descartar que se valore la oportunidad de trasladar los referidos memoriales a lugares de la ciudad más adecuados y/o acordes con sus propias características y/o su original intencionalidad.

Alicante, julio de 2017

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